Chuy y Tolo son unos amigos de mi hermano y yo. Los conocimos la primera vez que fuimos al Rancho. Rancho Cositas, un rancho donde viví gran parte de mi vida y donde pasé momentos inolvidables a lado de Chuy y Tolo.

El Rancho era un rancho donde había un frigorífico grande, ubicado a 25 km de Cuauhtémoc, Chihuahua, México, que es donde vivimos la mayor parte de nuestra vida. Se empacaba manzana, nectarina y durazno ahí. La huerta tenía de todo: durazno, chabacano, nectarina, ciruela, y llegó a tener: fresa, frambuesa, manzanas, peras y otras cositas... por eso el nombre: Cositas... hahaha. No es cierto, es que mi tío Carlos, quien era uno de los dueños, le decía así a su esposa. Siempre había mucha gente. Choferes de montacargas, tractores, empacadoras y pizcadoras, además, el famoso velador.

Recuerdo muy bien cuando los conocí. Tenía 4 o 5 años... creo. Uno de ellos me dijo: "Y tu, ¿quién eres, wey?" y le contestamos: "¿Qué es wey?" y los dos se rieron mucho de nosotros. Nosotros no entendíamos nada y volvimos a preguntar: "!¿Pos qué es wey?!" y ellos, después de titubear un rato, dicen: "No, pos quien sabe... pero así nos decimos aquí"... A bueno, ya cambia todo el rollo. Y así aprendimos nuestra primer mala palabra... después, estudiosos los dos, aumentamos nuestro ascervo cultural y aprendimos más, como: pendejo, baboso, cagada, chinga tu madre, etc. Las utilizábamos tanto como podíamos y mi papá, habiéndose dado cuenta de que ya las conocíamos, nos dijo que las dijeramos todo lo que quisiéramos, pero no enfrente de las niñas. Ok, andábamos encantados de la vida rayando madres y todo, pero nunca enfrente de las niñas.

Javier, el hermano mayor, era un chavo muy serio y estudioso. Estudió en el CBTa90 y quería tener éxito. Muy educado y, a pesar de tener un caracter muy dósil y ser muy callado, quería entrar al ejército.

Gabino, el rebelde, tomador y desmadroso. Un chavo muy callado y con mucho carisma. Nunca platiqué con él. Siempre lo admiramos mucho, era nuestro héroe.

Minerva, la más bonita... bueno a mí me gustaba. La hermana mayor, muy linda de caracter y a mí me parecía muy hogareña. Tenía una linda cara y era delgada. Muy de rancho, eso era lo que me gustaba, parecía una adelita.

Mary era la que nos hablaba. Era muy pícara. Siempre contando chistes y bromas. Se la pasaba riéndose y nos trataba muy bien a todos.

Crucita era un poco mayor que nosotros. Super flaca. Era linda y le echaba como 7 cucharadas de azúcar al café... wákala!

Lázaro, el era el 3 hombre mayor. El nos pelaba y era muy a todo dar.

Chuy y Tolo, cuates. Nuestros amigos.

Pasamos grandes aventuras con Chuy y Tolo... hahaha... Así les gritábamos desde nuestra casa a la suya: "Chuuiiiiii... Toloooooo...". Ellos salían y llegaban con nosotros.

Mi papá nos tenía prohibido entrar a su casa ya que había tenido unos problemas con la mamá. El padre, alcohólico declarado, era el capataz del Rancho. Él tenía un carácter débil. Y ella no... ya se imaginarán el resto. De todos modos fuimos, en contra de las órdenes de mi papá, a tomar café con leche y a desayunar a su casita. Era una señora muy linda con nostros.

La onda era que teníamos un acuerdo sobre-entendido. Ni ellos entraban a nuestra casa, ni nosotros a la suya. Los invitamos varias veces, pero nunca se quedaron.

Eso si, las fogatas, en la noche, estaban de primera. Mi papá nos enseñó a todos varios juegos, como "el bote volado", "el asesino", y otros los aprendimos de las muchachas que nos cuidaban: "los encantados", "la guerra", "la botella", etc.

Al principio, me caía muy gordo que Titi los "compraba" con gansitos, chocolates, chocorroles y varios otros productos de la familia Marinela. Mi mamá (nani) nos compraba todos los que cupieran en el congelador para que, después de jugar, comiéramos algunos y fuéramos a seguir jugando.

Titi se los "robaba" y se los daba a Chuy y Tolo para que se los comieran. Esto hacía que ellos tubieran una extraña preferencia por Titi y a mí me rechazaban.

Muchas veces se escondían de mí y "huían", lo cual a mí me hacía encabronar y me quedaba solo llorando! También se "burlaban" de mí, lo cual consistía en ponerse inalcanzables y reirse tan fuerte como pudieran. Este era el temible equipo de Titi y su pandilla. Me hacían encabronar tanto, que varias veces, me alié a uno de ellos y organizaba una guerra de manzanasos podridos, para desquitar todo mi coraje.

También me acuerdo mucho de los hermanos de Chuy y Tolo: Lázaro y Gabino.

Lázaro sería unos 6 o 7 años mayor que yo. Él si nos pelaba. De repente se juntaba con nosotros, y de repente no. Yo estuve bastante cerca del Lázaro. Seguido platicaba con él y él me quería bastante. Recuerdo que, cuando empezó a masturbarse, me tocó ayudarle... hahaha. Dos o tres veces me pidió que lo masturbara. Él me decía: "Nomás hazle así 100 veces". Yo lo tomaba de su verga y le jalaba 100 veces, contándolas en voz alta. Como en mi casa nunca me crearon pudor o vergüenza por mi cuerpo y, de hecho, era muy libre, nunca lo sentí como un acoso o abuso, al contrario, yo estaba ayudando a mi amigo a algo... no sabía a qué, pero era cosa de hombres. Eso si, lo dejo muy claro, nunca abusó de mí físicamente. En todo caso, las veces que me tocó que me diera ryde en la baica y me iba en frente, si me rozaba con el penacho la espalda, pero me daba iwal. No hard feelings... hahaha... más bien si.

Gabino era otra historia. Él era una leyenda para nosotros. Él era el más loco, lo cual era muy bueno. Nosotros queríamos ser igual de locos que él. Recuerdo muy bien como manejaba a madre el tractor y daba unas pinches vueltas que, ay wey! Era el más macho, borracho e independiente de todo el mundo.

Recuerdo muy bien un evento. Teníamos una cuadrimoto. Ésta, una vez, después de mucho uso, se apagó. Era temprano en la mañana y hacía algo de frío (en Chihuahua, eso quiere decir un chingo!). Gabino se acercó a la parte del motor y lo tocó con su mano. No mames! Hasta sono "pssssssss...." y ni un gesto en su cara, con la mirada de cowboy de marlboro, como viendo hacia un horizonte... pero dirigida hacia el motor... en eso dice con voz muy serena y bien de mega machote de chihuahua: "... ta caliente" y deja la mano. Lázaro, por no quedarse atrás, hace lo mismo... "psssss......." e, imitando a su hermano, con la misma mirada y todo dice: "...ey... ta caliente....". Yo me les quedé viendo a los dos muy extrañado. No entendía porqué sonó "psssss...." y no les quemaba. Yo les creí y quice verificar con mi dedito, el cual al hacer "psssss...." terminé gritando y agarrándomelo llore y llore... hasta una ampoya me salió!... esos dos eran los más machos de todo el mundo; nuestros héroes.

Tiempo después de conocerlos (a Chuy y a Tolo) hicimos toda clase de imbeciladas para estar más locos que Lázaro y Gabino.

Mi papá nos compró unas cuadrimotos (aaa... ya les dije, no?) y nos la pasábamos en esas. Nos volteamos como unas 358 veces nomás para comprobar que estábamos bien locos y obtener la aprobación de Chuy y Tolo. Existía una especie de competencia entre Titi y Yo para ver quién estaba más loco.

Hubo un tiempo que nos pusimos a coleccionar novias. Íbamos con las pizcadoras, que eran un chingo, y les preguntábamos rápido a cada una: "quieres ser mi novia" y se morían de la risa y contestaban que si. Y nos íbamos con la siguiente. Cada uno de los cuatro tenía su colección de novias. Y éramos muy cumplidorsitos, si señor! Todos los días despedíamos a las bonitas de beso en la boca... si, teníamos 6 o 7 años, pero eso no les importaba. Nos cargaban y nos daban un beso en la boca. Éramos muy cumplidorsitos! De repente nos aburríamos de una y, como si fueran tarjetas, nos las cambiábamos... 1 por 1, 2 por 1, etc, y luego les íbamos a avisar: "Oye, ya no eres mi novia, eres de él".

Otra vez las juntamos todas en la alberca y nos quitábamos el traje para enseñarles las nalgas! Hahaha. A, se me olvidaba para nosotros, ellas eran "las viejas". Todas eran lo mismo, viejas.

Pasó mucho tiempo en el que hicimos muchas otras cosas, mientras crecíamos, nos hacíamos más amigos y más unidos. Tuvimos nuestra etapa de malabaristas. Nos tocó aventarnos de 10 pallets de altura a unas mayas, metíamos las motos a la pila de agua, hacíamos toda clase de acrobacias. Desde escalar torres de pallets, o al frigorífico, hasta robarnos una manada de burros e irnos de escursión para explorar.

Una vez, cuando estábamos jugando a las escondidas en el frigorífico, Chuy iba corriendo en frente de mí y, al colgarse de un transformador de 440 volts, se electrocutó y calló de una altura de 2 pisos al suelo. La altura no me imortaba, seguido saltábamos desde ahí, el problema era que se electrocutó.

Cuando salté y lo ví, estaba inconsiente. De repente, se levantó llorando, con la piel de sus dedos derretida y otras partes también y se fue llorando a su casa. Lo llevaron al seguro y, después de varios ingertos de piel, se recuperó. Lo único que pasó fue que no pudo estirar bien sus dedos. Se le quedaron como medio encogidos.

No importó, después de eso, seguimos jugando, como siempre.

Al tiempo, ellos se cambiaron a vivir a Cuauhtémoc, a su nueva casa, la cual habían construido en fines de semana entre toda la familia, incluidas sus hermanas.

Después de eso, algunos meses después, mi papá tuvo serios problemas económicos y tubieron que despedir a don Chuy, el papá de Chuy y Tolo... por lo menos algo así recuerdo. Esto hizo que nos separáramos y ya no los veíamos.

Muchos años después, cuando yo estaba en la secundaria, creo, vi a Tolo hecho todo un narco! Lo vi en su trocona, con sus bototas y su sombrerote y lo saludé con mucho gusto. Él se acordó de mí y me platicó algo de Chuy y su familia. Me dió gusto verlo, pero no me dió gusto ver en lo que se conviritó... esa fue la última vez que lo ví. Después, cuando organicé lo de el "Domingo Fest" vi a Lázaro con su familia. Me dió mucho gusto verlo! Hasta lo dejé entrar gratis al Domingo Fest!

Este artículo es un tributo a la familia Montes. Los voy a recordar con mucho cariño a todos: Don Jesus, Doña Chole y sus hijos: Javier, Gabino, Lázaro, Minerva, Mary, Cruzita, Chuy y Tolo. Donde quiera que estén, están en mi mente y corazón.